los pueblos de la sierra se preparan para una nueva fase de crecimiento urnanístico.

El proyecto de parque nacional en curso no pone coto al ladrillo.

La Comunidad de Madrid tiene intención de aprobar el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) de la Sierra de Guadarrama en los próximos meses. Cuando esto ocurra se dará por finalizada la moratoria establecida durante el período de redacción y aprobación de dicho documento. La mayoría de alcaldes serranos parecen interpretar esta circunstancia como una nueva apertura de la veda, en lo que al crecimiento urbanístico se refiere. Si uno lee o escucha los medios de difusión comarcales advierte que apenas pasa mes sin que algún municipio anuncie sus proyectos de expansión urbana. Y no porque durante los últimos años se haya dejado de construir, pues es bien sabido que la construcción acaba de cerrar uno de sus booms más importantes. Ello ha sido posible merced al planeamiento urbanístico que estaba aprobado con anterioridad. Pero hay que seguir garantizando que la gallina de los huevos de oro pueda seguir poniendo en el futuro tan preciado tesoro. No importa que la crisis dificulte construir a corto plazo; ya vendrán tiempos mejores y para entonces hay que tener el suelo preparado. Las expectativas de los regidores se están viendo alimentadas por un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales que no pone coto al urbanismo en el piedemonte serrano.

La naturaleza de la sierra contra las cuerdas

La trama urbana en torno a la sierra no puede seguir creciendo indefinidamente so pena de asfixiar la naturaleza que atesora. Según un estudio del sindicato UGT el 70% de los incendios en suelo rural se producen en lugares próximos a zonas urbanas. La construcción se puede mantener a un ritmo razonable durante años mediante la rehabilitación de edificios antiguos y llenando los intersticios constituidos por solares vacíos que hay en los cascos urbanos.

Hay que desmontar, por otra parte la excusa de que el crecimiento urbano es necesario para financiar a los municipios. Cuando un ayuntamiento concede licencias de obra ingresa una cantidad, pero después ha de prestar servicios (luz, asfaltado, limpieza, etc.) a las nuevas zonas urbanizadas y a los que las habitan. Precisamente esa es la finalidad de las tasas e impuestos, la de poder atender a los servicios que el ayuntamiento ha de prestar a los vecinos. Si en un municipio hay menos vecinos hay menos ingresos, pero también hay que dar menos servicios. Ciudades como Barcelona, o pueblos como Coslada, en Madrid, hace tiempo que dejaron de crecer urbanísticamente y no por ello sus ayuntamientos ha entrado en bancarrota, o han dejado de prestar servicios.

Los pueblos de la sierra no pueden resignarse a seguir asistiendo a la reclasificación de su territorio para nuevas urbanizaciones y nuevos centros comerciales. A repetir, en definitiva, más de lo mismo, al reforzamiento de su carácter de pueblos o ciudades dormitorio.

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